El día que Obama humilló a Trump

Ahora, el nuevo presidente electo, ríe de último

Donald Trump había amagado en 1988 lanzarse a la presidencia, pero no fue más que eso, una intención, 23 años después, en 2011, en la cena de corresponsales, el presidente Barack Obama, se burló del millonario y dicen que desde ahí, el gusano de la presidencia creció, se alimentó y cinco años después ¡PUM! Donald Trump es presidente de Estados Unidos.

La cita tenía todos los ingredientes para que el magnate y estrella de la televisión disfrutase de la compañía de más de 2.500 personalidades de los medios de comunicación y el mundo del espectáculo. Pero en cuanto el presidente Obama tomó el micrófono, los presentes en la sala y los espectadores al otro lado de las pantallas de televisión se dieron cuenta de que Trump iba a cumplir un papel muy distinto del esperado.

“Vaya semana”, dijo el mandatario demócrata nada más empezar. Era su reacción a los días en que la Casa Blanca publicó su certificado de nacimiento para acallar el insultante rumor del que se había adueñado Trump y que aseguraba que no había nacido en Estados Unidos y por tanto su mandato era ilegítimo (algo que solo ha negado unos meses antes de estas elecciones, más de cinco años después).

Los siguientes minutos pudieron cambiar efectivamente la vida de Trump, aunque solo él sabe si las burlas del presidente, las risas en toda la sala y el guión desenlazado durante los días siguientes verdaderamente le inspiraron a vengarse de Obama presentándose a las elecciones para sustituirle en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

Lo que sí sabemos es que las palabras del presidente supieron a venganza por partida doble. La primera, porque Trump fue el objeto de sus chistes más duros aquella noche. Obama se rio de su presencia en el programa de telerrealidad The Apprentice, especuló con publicar un vídeo de su nacimiento para despejar todas las dudas e incluso aludió a que, aclarado su lugar de origen, “ahora [Donald] podrá centrarse en lo que verdaderamente importa”.

Mientras las pantallas proyectaban imágenes de su programa de televisión, Obama se dirigía a Trump: “Creo que todos sabemos cuáles son tus credenciales y amplia experiencia”, dijo el mandatario al mismo tiempo que la audiencia veía al empresario expulsar a un concursante. “Este es el tipo de cosas que me mantienen despierto por la noche. Buen trabajo, señor, buen trabajo. Sin duda, Donald traerá el cambio a la Casa Blanca”.

Trump fue agachando la cabeza según pasaban los minutos y poco a poco abandonó la sonrisa. Lo que EE UU no sabe aún es cómo recibió la segunda parte de la película. Es la segunda parte de esta revancha. Obama pudo haberse reído de él en privado, sin que nadie lo supiese hasta varias horas después, al pronunciar “el tipo de cosas que me mantienen despierto por la noche”. El día antes de acudir a la cena había dado la orden de que comenzara la operación militar que acabó con la vida de Osama Bin Laden en Pakistán.

El desenlace se supo 24 horas después, cuando el presidente compareció ante los estadounidenses para comunicarles que habían eliminado al mayor enemigo de la nación. Entretanto, también le había dado tiempo a salir a cenar y recordarle a Donald Trump que, al menos por el momento, su mundo seguía siendo el del espectáculo.

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