OJO PELAO: Pasos para no quedar sin un bolívar en los estadios del béisbol venezolano

En FarandiSport resolvemos tu ida a disfrutar del pasatiempo nacional

Sabemos que no es fácil ir al estadio este año. Sabemos que si usted es un padre de familia con, por ejemplo, dos niños y una esposa, ir a cualquier estadio donde se juegue el béisbol profesional venezolano lo dejará sin un bolívar en el bolsillo. Sabemos que pasó de ser una divertida actividad de una o dos veces por semana a ser un lujo que, con suerte, podrá darse una o dos ocasiones al mes.

Por eso en FarandiSport le damos los pasos para que disfrutar del pasatiempo nacional, del deporte que por años nos ha dado grandes momentos, no sea un viacrucis insoportable de gastos o un sacrificio que implique quedar fallo hasta la próxima quincena.

Empecemos…

1) Consiga una cola

Esto será indispensable por dos razones: 1) si no tiene carro, deberá ahorrarse los chorrocientos bolívares que le cobrará un taxista por llevarlo de su casa al estadio y del estadio a su casa. 2) Si tiene vehículo propio, igual querrá guardarse los 500 o mil bolívares que le tendrá que dar al guachimán que cuida los carros en los estacionamientos de los parques.

Además, como “bonus track”, no correrá el peligro o el riesgo de que le roben su carrito que, seguramente, lo compro con mucho esfuerzo y ya no pueda comprar otro en caso tal.

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2) Métase tres arepas

Como no se consigue la harina, puede simplemente comer en exceso lo que haya en su nevera o en su despensa. Coma, coma, coma como si no hubiera mañana. Así quedará a reventar y no le dará ganas de comprar siquiera unas palomitas de maíz a los vendedores del estadio. Llévese, si es posible, una botella de agua con hielo para ni siquiera comprar agua.

Tomando en cuenta que los tequeños, los perros y las chucherías se encuentran hasta al doble de lo que se pueden conseguir por fuera, este paso es VITAL en sus aspiraciones por no salir limpio después de ver béisbol.

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3) Tápese los ojos

Justo cuando le agradezca a su pana por haberle dado la cola y cierre la puerta del carro, quédese parado y observe el camino. Debe grabarlo en su mente e imaginarse el camino a recorrer de ahí a las escaleras del estadio. ¿Listo? Ahora tápese los ojos y camine por la línea imaginaria que trazó en su mente para no tropezar, caerse o hacer el ridículo.

Se preguntará para qué es esto. ¡Fácil! Para que no se le vayan los ojos o no caiga en la tentación de los tres millones de tarantines con souvenirs que hay por toda la instalación deportiva.

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4) Cemento puro… y un alambre

Una vez haya cruzado disparatadamente la raya imaginaria con los ojos tapados y haya llegado a la taquilla de su parque de pelota, pida gradas. No se la tire de rico, que las entradas pasan de tres mil bolívares. Compre gradas.

Eso sí: párese de vez en cuando. Aunque si usted es muy perezoso y no quiere levantarse de su “asiento” de concreto, le aconsejamos llevarse un alambre para, cuando termine el juego, se dibuje nuevamente la raya de ya usted sabe qué. ¡Y ruegue por que el juego no se vaya a extra innings!

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5) Noches de fantasía

No, este título no tiene nada que ver con la famosa canción de Roberto Antonio. Tiene que ver, por el contrario, con lo que usted les va a decir a sus chamos, si tiene, cuando los lleve al estadio. Una vez que los vendedores empiecen a ofrecer triquitriquis, pelotas revendidas, muñecos miniatura de las mascotas de los equipos y todas esas cosas que todos conocemos, usted le va a decir que todo es de fantasía, que es una película, que nada de eso realmente existe. Solo, lo real, es el juego que se ve delante de las gradas donde está sentado.

Cuando complete estos pasos, le garantizamos que le quedarán unos realitos para afrontar la rudeza de los días que faltan para la próxima quincena. Vamos, ánimos, que sí se puede ir al estadio. Ya lo dijo el “gran”, por lo gordo, presidente de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, Oscar Prieto Párraga: “Así como se puede ir al cine, también se puede ir al estadio”. No se ría, no sea malo.

 

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